Tus pies sobresalen del precipicio, tu cuerpo en equilibrio busca la calma que consiga apaciguar el fuego que te incitó a saltar. Miras al cielo y observas que está un poco más claro que ayer, un pájaro vuela en aquel infinito lugar, sin cadenas, sin miedo, vuela libre, como una hoja que se deja llevar. Cierras los ojos mientras te envuelves con el viento que y él agita tu pelo. Tu corazón se acelera de forma inaudita, y empiezas a descender, una melodía muda acompaña tus oídos, velozmente recuerdas quién eres, entiendes que nunca es demasiado tarde para rectificar, borrar, y volver a empezar. Pero hay veces que tomamos caminos de los que no se puede regresar, en los que solo hay final, pero sí, ahora eres libre, ahora eres quien siempre has querido ser. Tus manos frías sienten la presión de la gravedad, tu cuerpo se envuelve en aire fresco, mientras el oxigeno de tus pulmones se agota, y tu mente se apaga. Un cúmulo de sueños explota en el mar, en el que tu cuerpo inerte comienza a hundirse, una vida perdida, vacía, el final de una época.
Un sonoro eco estremece mi corazón, las heridas de mi alma emanan la tinta para mis palabras, ha muerto, muere la esperanza de entender que tu ya no vas a volver.
