Era un sentimiento desgarrador, me habían diseccionado el alma, como si fueran sesos rancios de un caballo muerto que come un buitre. Como si mi corazón, al menos así lo llamaban fuese carroña. ¿De ahí la razón a estar enamorada? ¿Será que mi amor es como los gusanos, que nacen en la misma putrefacción por una descomposición orgánica?
El amor me enseñó su lado más oscuro, el más sincero de todos. ¿Realmente pude haber sido bendecida con sus desprecios? ¿Podía sentirme orgullosa siquiera de haber nublados sus ojos, y besar sus labios? ¿Podría ser yo, esclava de su goce? Yo, que paseaba por el crepúsculo de tu alma como un lucero sin casa… Mientras que mi único pecado fue poner tu felicidad por encima de la de todos los demás. Pero es que tú hacías que cualquier cosa tuviera sentido. Dichoso el momento en el que atravesé tu calor con el tintineo de mis labios, quiénes fueron huérfanos de tu amor...
Recuerdo la calidez de tus rosados labios posados en mi piel, como una prenda que tapa todas mis imperfecciones. Creía haber sido tan feliz, todo parecía tan de verdad al estar contigo… Pensé que me querías, que tu sonrisa era de verdad, que el color de tus ojos no me mentía. Pero el tiempo me ha hecho florecer, ha puesto la realidad por delante del amor. Puede que lo nuestro ya no fuese amor, quizá nunca lo fue. Pero yo solía llamarlo así, y hoy todavía me cuesta creer que realmente no fuera así.